Desde que entendí que dirigir una voz es como preparar un espresso, sé que no todo se trata de técnica: se trata de intención. Dirigir una voz va más allá de decir palabras; se trata de sentirlas, descubrir su ritmo y acompañar a quien escucha en un viaje.
Cuando preparo un café, selecciono el grano con intención, moliendo lento, observando el aroma. Con una voz ocurre igual. Antes de ajustar volumen o tono, identifiquemos la intención detrás de cada frase. ¿Qué queremos que sienta la audiencia? ¿Qué pausa necesita este mensaje?
Para las marcas y locutores, dirigir la voz significa convertirse en un narrador presente, alguien que conoce la historia y la respira con cada palabra. La voz tiene calor, textura y ritmo… igual que una buena taza. Este proceso reflexivo no solo transporta significado, también genera conexión humana.
Puntos clave para directores de voz:
- Escucha antes de editar.
- Pregunta “¿qué siente esta frase?” antes de decirla.
- Respira con intención.
- Ajusta la velocidad como si ajustaras el “grado de extracción” de un espresso.
Así como cada café tiene su temperatura adecuada, cada voz tiene su modo de ser dirigida. No hay atajos. Solo intención, pausa y presencia.